El amor no lo es todo

20 enero, 2021 in Sin categoría

-¿Tú qué piensas de todo esto?- le preguntó él saliendo del restaurante.

-¿Qué pienso de qué? -«Ya estamos otra vez con la misma vaina», pensó ella en su cabeza.

-De nosotros, ¿no te has parado a pensar dónde nos está llevando todo esto?

-Sí…bueno, claro que lo pienso, pero prefiero dejarme llevar.

La noche era fría y oscura, una noche que recogía los últimos retazos del verano y daba la bienvenida al otoño con una leve brisa fresca que hacía a los viandantes guarecerse entre las cazadoras y jerséis guardados en el armario por largo tiempo. Continuaron caminando.

-Y tú, ¿Qué piensas? ¿Por qué me lo preguntas? – preguntó ella.

-Bueno, es que llevamos viéndonos un año y quería saber hacía dónde crees que vamos.

-Sí, llevamos así un año, lo sé, pero estoy cansada de tener la misma conversación cada tres meses.

-Pero es que creo que es necesaria, porque creo que estás ilusionada.

-¿Es que tú no estás ilusionado? Sí, estoy ilusionada, pero también soy consciente de que esta relación no lleva a ningún lado, que sólo lo estamos pasando bien, ya me lo dijiste – dijo ella mientras comenzaba a sentir un fuerte dolor en el pecho, como, como si una piedra hubiera encallado de pronto y sin avisar en todo su centro.

Llegaron a un parque con dos bancos colocados en perfecta posición esperándoles para continuar la conversación, esa conversación que ella había querido evitar y él necesitaba tener.

Ella se sentó en el banco mientras él se quedó de pie mirando al infinito, observando a las últimas personas del día en compañía de sus perros.

-¿Tú estás cómoda con nuestra relación? – le preguntó él rompiendo el silencio.

Ella no quería contestar, pero sabía que era inevitable la sinceridad que la invitaba a hablar.

-Sí…estoy a gusto, pero bueno, ya te lo dije, yo quiero más. Estoy cansada de proponerte planes y estar esperándote siempre para vernos. Estoy cansada de vernos sólo para pasear, cenar o follar. Sí, quiero dar un paso más, me gustaría estar contigo de verdad… -dijo tras suspirar profundamente-…pero sé que no es lo que tú quieres.

Él la miró y suspiró.

-Ya…te lo vengo notando desde hace tiempo. Siento que cada vez quieres que pasemos más tiempo juntos, que viajemos…pero ya sabes que no, no es lo que yo quiero. No te dedico todo el tiempo que tú quisieras y eso me hace sentir mal – su voz comenzó a quebrarse-creo que en realidad, ninguno de los dos estamos cómodos en esta relación.

Ambos guardaron silencio. Sabían que había comenzado la cuenta atrás, la última hora, el final de la historia. Ella asintió, notando como un nudo crecía en su garganta. Él continuó.

-He intentado ponerme en tu lugar, y me siento fatal cada vez que tengo que decirte que no y echar por tierra tus expectativas. Tú quieres algo que yo no puedo darte, algo que yo no quiero en mi vida ahora mismo- la miró fijamente – ¿Has intentado ponerte tú en mi lugar?

Ella titubeó.

-Claro que me he puesto en tu lugar, sé que no soy tu prioridad y que te cuesta marcar los límites. Pero eso es lo que me jode, que marquemos límites, cuando luego juntos, estamos muy bien- Fijó la mirada en el suelo, incapaz de mirarle por lo que a continuación le diría – no quiero que esto se acabe, pero igual tienes razón, no sé cuánto iba a ser capaz de aguantar.

Ya está, ya lo había dicho. La brisa otoñal les hizo levantarse de los bancos y caminar juntos hacia el coche. Aquel coche en el que habían compartido los momentos más bonitos durante ese año de mierda. Él arrancó y emprendieron la última vuelta.

-Si los dos no estamos cómodos, no sé cómo esto va a funcionar – confirmó él – si estuviéramos realmente bien, ya conoceríamos hasta a nuestras familias, e igual viviríamos juntos.

-Yo ya te he dicho que quiero estar contigo, que te elijo a ti-dijo ella casi gritando – ¿Qué es lo que quieres tú?

-Ya te lo dije y te lo dejé bien claro al principio. Somos amigos especiales, con derechos, folla amigos, esa palabra que tanto odias a muerte-suspiró y negó con la cabeza – pero sí, al final hemos sido mucho más que eso y es lo que nos ha llevado a esta situación.

-Y tampoco es que hayamos estado mal, sino no nos estaría costando tanto tomar esta decisión-respondió ella – justo cuando no lo hemos pensado, es cuando mejor hemos estado.

-Lo sé, y tienes razón, pero ya te dije que yo no quiero una relación a distancia ni una relación-sentenció él – ¿Y qué hacemos entonces?

Ambos guardaron silencio.

-Pues parece que los dos ya lo sabemos, supongo que esto ya no va a más.

Continuaron conduciendo un buen rato por las calles desiertas del pueblo, en una noche que les acompañaba para la ocasión, haciendo desaparecer a los paseantes y dejando tan sólo el oscuro cielo y la luz de la farola como testigo de su conversación.

-Eres un jodido cabezota, ya te lo he dicho mil veces. Si luego cuando estamos juntos estamos muy bien, no quiero que esto se acabe – dijo ella.

-Yo tampoco, y es verdad, soy un jodido cabezón. Cuando estamos bien estamos muy bien, pero cuando nos separamos ambos nos rallamos. Y eso no es justo para ninguno de los dos- Continuó-Sí, si tienes razón, al final no eres sólo una amiga para mi, hemos pasado muchos momentos juntos – dijo él.

Llegaron al lugar donde él la había recogido y ella tenía aparcado el coche. No sabían qué hora era, parecía que el tiempo se había detenido aunque el reloj marcaba ya la medianoche. Tres horas antes habían quedado a cenar como cualquier otra noche desde hacía ya un año.
Ella negó con la cabeza.

-No me puedo creer que esto se esté acabando.

Las lágrimas brotaron de sus ojos.

-Yo tampoco. Pero creo que es lo correcto, lo más responsable-él la miró- Lo hemos pasado realmente bien y nos hemos dejado llevar cuando debíamos hacerlo- Miró por la ventana, recordando – y el sexo…ha sido brutal.

Ambos se miraron y ella soltó una leve risa.

-Me vas a faltar, jodido cabezón, joder, me vas a faltar mucho. Eres de las mejores cosas que me han pasado este año – dijo ella incapaz de evitar echarse a llorar.

-Tú también me vas a faltar, pero pienso que lo mejor es dejarlo ahora, en el momento preciso.

-Me merezco a alguien que quiera estar conmigo de verdad, que apueste por mi, alguien mejor-Confirmó ella.

-No, alguien mejor no, alguien que esté en el mismo punto que tú.

-Sí, alguien que se comprometa, alguien mejor.

-¿Te acuerdas cuando me quedé en tu casa la otra noche?-dijo él por fin tras un nuevo silencio.

Claro que se acordaba, era su cumpleaños, y el día que cumplían también su primer año.

-Sí, al final te quedaste porque yo te lo pedí, no porque tú quisieras.

-Eso es, al final me quedé un poco por compromiso, y eso no es justo.

Ella miró por la ventana. Se sentía a la vez triste y cabreada.

-¿Sabes de lo que me he dado cuenta yo la última semana? De que te quiero y te lo quería decir en algún momento – ella rio – Es gracioso que mientras yo pensaba en decirte que te quiero tu pensabas en dejarlo.

-Yo también te quiero, claro que te quiero, ¿Cómo no voy a hacerlo?

Ambos cruzaron de nuevo la mirada y ella no pudo evitar continuar llorando.

-Pero el amor no lo es todo- respondió ella.

-Sí, el amor no lo es todo.

Él le cogió las manos.

-Llora, llora todo lo que quieras, yo también estoy roto por dentro, aunque no lo veas.

-No, no quiero llorar delante de ti, no quiero que esto se acabe.

-Si lo dejamos, tiene que ser una decisión de los dos.

Ambos se miraron y se dieron su último beso. Un beso con sabor a lágrimas, un beso dulce y salado, un beso de despedida que ambos sabían que ya comenzaba a conformarse como su último recuerdo.

-Te quiero gordito.

-Y yo gordita.

Ella abrió la puerta y salió. Cruzaron las miradas una última vez mientras él se alejaba en su coche, aquel coche blanco, testigo de su historia.